Hablando con la Verdad
ES NUESTRO deber y primera responsabilidad en estos momentos tr�gicos de nuestra historia no quitar el dedo del rengl�n por donde estamos transitando. Esperamos que estemos yendo hacia un destino de libertad y justicia social que anta�o nos prometieron los entonces salvadores de la patria y que se convirti� en una traici�n canallesca de los hermanos Castro.
El verdadero peligro existe cuando se hacen juicios sobre bases ideol�gicas falsas que no son capaces de sustentar una ideolog�a coherente que nos permita abrirnos pasos a trav�s de las adversidades propias de una sociedad en reconstrucci�n, que empieza desde cero, como la que nos espera a todos los cubanos.
Est� claro que a las puertas del derrumbe del tirano se abrir�n perceptivas de libertad si somos consecuentes con cumplir deberes y demandar nuestros derechos como pueblo.
El retorno de Cuba, a un Estado de derechos bajo el heredero es una quimera que en mi concepto no vale la pena gastar tinta en esta consideraci�n y en ninguna bondad que proceda de quienes llevan casi medio sigio ahogando nuestras libertades.
Los voceros de la tiran�a miran con simpat�as poco disimulada el criterio abundante entre algunos de nuestros compatriotas de evitar confrontaciones que pueden llevar a que corra la sangre en suelo cubano. �Por qu� ahora los comunistas tienen tanto inter�s en que no corra la sangre?, cuando han sido ellos precisamente los que han ensangrentado a toda la naci�n. Ellos saben, que mendigando derechos y libertades, y firmando peticiones al Parlamento
Cubano, es un proceso dilatorio y les asegurar� continuar en el poder, yendo de un paliativo a otro. Y estamos seguros que habr�n compatriotas nuestros bien intencionados y con credibilidad en la lucha pero que est�n definitivamente equivocados si piensan sacar del poder a la dinast�a de los hermanos Castro y a la pi�ata millonaria sac�ndole el cuerpo a la inevitable confrontaci�n en los cubanos que quieren libertad y los que quieren mantenernos bajo la mentira de una sociedad indigna contra la cual tenemos el derechos a revelarnos con toda la energ�a y la dignidad que nos legaron nuestros Mambices.
Nuestro pueblo ha vivido bajo la mentira por casi medio siglo, y donde unas veces nos equivocamos y otra nos equivocaron. Pero lleg� el momento que no hay espacio para m�s equivocaciones. Ahora, lo queremos todo o nada. Unamos esfuerzos pidiendo al alt�simo que ilumine nuestras mentes para hacer decisiones que nos aparten, si de la violencia innecesaria. Pero si que nos vitalice con la fe en la victoria y la energ�a suficiente y el valor para reclamar todos, el derecho a una sociedad justa pr�diga en libertades donde el cubano no se sienta como un ciudadanos de segunda o tercera clase.
Aspiramos a alcanzar un termino medio que se llama justicia el cual no es negociable. Las condiciones ahora son favorables si todos nos ponemos en la misma p�gina y demandamos soluciones ahora mismo, y si los gobernantes no son capaces de brindar soluciones la �nica alternativa es demandar soluciones en las calles sin necesidad de que corra sangre cubana. Pero en �ltima instancia la libertad y la patria tienen el precio m�s elevado en la escala de valores del ser humano y a esos valores nos remitimos para lograr nuestros objetivos.

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